Método
Por qué nuestros encuentros son a puerta cerrada
No es opacidad: es la condición para que alguien diga en voz alta lo que piensa antes de haberlo decidido.
Cada vez que contamos cómo trabajamos, la misma pregunta: si el diálogo es tan valioso, por qué no se retransmite.
Lo que cambia cuando hay una cámara
Con público, quien habla deja de pensar en voz alta y empieza a defender una posición. Y una posición defendida ya no se mueve: la conversación se convierte en dos discursos que se turnan.
Lo que buscamos es lo anterior a eso — el momento en que alguien todavía está formándose una opinión y puede escuchar un argumento sin que le cueste nada cambiarla.
Qué sí es público
Quiénes somos, quién viene a cada encuentro y de qué se habló. Lo que no sale de la sala es quién dijo qué.
Es la regla de Chatham House, que tiene setenta años porque funciona: se puede usar lo que se oyó, no se puede atribuir.
Dónde está el límite
Un espacio reservado no es un espacio sin reglas. No se toman decisiones, no se firma nada y no se representa a nadie más que a uno mismo.